Guía
Una noche sin luz eléctrica
Paneles solares, velas, el faro y un cielo que no se ve en otro lado.

Cuando baja el sol en Cabo Polonio, no se prende ninguna luz en las calles. No hay postes, ni cables, ni alumbrado: el pueblo está dentro de un Parque Nacional y no tiene red eléctrica.
Lo que sí hay es el faro. Su luz pasa por encima de los ranchos, toca el agua y vuelve, y durante doce segundos todo queda a oscuras. Para quien camina de noche por la playa, es la única guía.
De dónde sale la luz
La mayoría de las casas, hostels y restaurantes tiene sus propios paneles solares. De día cargan baterías, y de noche esa energía alcanza, bien medida, para unas lámparas LED, el wifi y los celulares.
Algunos comercios y grupos de ranchos tienen generador, a nafta o gasoil. Como hacen ruido, se prenden pocas horas, casi siempre al caer la tarde, para enfriar heladeras o para lo que pide más potencia.
Para el resto, lo de siempre: garrafas de gas para cocinar y calentar el agua, heladeras a gas y, cuando oscurece, velas y faroles. El faro es la excepción: fue la primera construcción con electricidad de la zona y tiene su propia alimentación, porque de él dependen los barcos.
Lo práctico
Si la casa no tiene generador, el celular se carga en el almacén, pagando, así que una batería extra ahorra viajes. Y una linterna, aunque sea chica, cambia la noche: las calles son de arena y no tienen luz.
La lista completa está en qué llevar.


El cielo
Sin luces alrededor, el cielo de Cabo es otro. En las noches despejadas se ve la Vía Láctea de punta a punta, con constelaciones y alguna estrella fugaz, y hay quienes vienen solo para eso, con telescopio o con cámara.
En 2023, el astrofotógrafo uruguayo Fefo Bouvier sacó acá una foto de la Vía Láctea en la que se ve la figura de un ñandú, como lo veían en el cielo los pueblos indígenas. La NASA la eligió como Foto Astronómica del Día.
El mar que brilla
En algunas épocas del año pasa algo más: el agua se enciende. Son noctilucas, un plancton diminuto que brilla cuando el mar se mueve, y cada ola que rompe en la orilla deja una línea de luz azulada. Si te toca, metete hasta los tobillos y mové los pies.
La noche
Las noches se arman de a poco. Se cena con velas en alguno de los restaurantes chicos del centro, a veces con música acústica o un fogón cerca, y se vuelve caminando por la arena con la linterna apuntando al suelo.
Y en algún momento alguien se queda afuera, mirando para arriba. Se escucha el mar contra las rocas, el viento y, a lo lejos, a los lobos.
Cada doce segundos, el faro.



