Un fin de semana de verano en Cabo

Playa Sur en verano, con gente tomando sol y las casas del pueblo detrás
Playa Sur, en verano.

Un fin de semana alcanza para entender por qué la gente vuelve. Esta es una forma de vivirlo en verano, de viernes a domingo, con lo que haríamos nosotros.

Enero es cuando más gente hay. Diciembre y febrero suelen estar más tranquilos, y si podés elegir, son lindos para venir. En invierno el Cabo es otro, y merece su propia nota.

Viernes: llegar temprano y bajar a la playa

Salí temprano y tomá uno de los primeros camiones: mirá los horarios antes de salir. Así el día es tuyo desde la mañana. Dejá el bolso y andá derecho a Playa Sur: suele ser la más linda, y la de mar más tranquilo.

Para almorzar, subí a alguno de los restaurantes o quedate en la playa, en algún chiringuito. Y no te vayas sin probar los buñuelos de algas.

La playa llena de gente y sombrillas en verano, vista desde lo alto, con los médanos al fondo
Un día de playa.

A la tarde, caminá hasta el faro y subí a ver todo desde arriba. Ojo, que la subida cierra a las cinco. Volvé a Playa Sur para el atardecer, que es de los más lindos del Uruguay.

Si alquilaste casa, pasá por El Templao y comprá pan casero para la noche.

La primera noche, a la luz de las velas

Aunque tu casa tenga generador, animate a vivir la experiencia de verdad: apagá todo y prendé velas. En algunas casas tampoco hay agua corriente, y toca calentar agua y bañarse con un tachito. Parece complicado, pero es parte de lo divertido.

Lo cuenta mejor una noche sin luz eléctrica.

La luna saliendo sobre una casa en el campo, con el cielo todavía claro
Sale la luna.

Sábado: los médanos

El sábado es para caminar. Hasta el Cerro de la Buena Vista son ocho kilómetros por los médanos, y la ida y la vuelta pueden ser todo un desafío: salí temprano y llevá agua y protector.

Si preferís otra cosa, preguntá por alguna cabalgata. Y recorras como recorras los médanos, cuidalos: son lo más frágil del Cabo.

Un caballo pastando en el campo abierto, con una casita blanca a lo lejos y el cielo grande
Campo, cielo y un caballo.

A la noche, sumate a alguno de los fogones de los restaurantes y caminá por las callecitas iluminadas con velas. Lo que no hay que hacer es prender fuego por tu cuenta: está prohibido.

Y no te olvides de mirar para arriba. Como se ven las estrellas acá, no se ven en casi ningún lado. Si después no hay sueño, unas cartas o un juego de mesa hacen la noche.

Domingo: la vuelta al cabo y el último camión

El último día, hacé la vuelta al cabo: de la Calavera al faro, entre las rocas, pasando por los lobos marinos, hasta Playa Sur. Es una hora, y es el cabo entero.

Un lobo marino erguido sobre una roca anaranjada, con olas rompiendo detrás
Los lobos, de paso.

Y para irte, guardate el último camión. En verano suele salir a la hora del atardecer, y el viaje de vuelta, con el sol bajando sobre el mar, es la mejor despedida. Confirmá el horario en los horarios del día, que cambian según la temporada.

Si te quedás con ganas de más, que es lo más probable, ya sabés dónde dormir la próxima vez.

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